EL TABACO DEL PP, LA HERRADURA QUE PERDIÓ EL CABALLO POR LA QUE EL PP PERDIÓ LA ‘GUERRA’ DE ANDALUCÍA

EL TABACO, LA HERRADURA QUE PERDIÓ EL CABALLO POR LA QUE EL PP PERDIÓ LA ‘GUERRA’ DE ANDALUCÍA

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PPuede resultar infantil el imaginarse que el tabaco pudiera tener algo que ver con la victoria-derrota del Partido Popular en Andalucía pero si este factor no ha sido la única razón sí es posible que haya sido una de las principales razones para el fracaso experimentado por un Partido Popular que ha paseado sus ‘huestes’ vencedoras por casi todo el territorio nacional pero…….¡amigo! ha tenido la pésima suerte de que se le quedara ‘desenganchada’ Andalucía de las últimas Elecciones Generales y ha habido tiempo entre éstas y las Elecciones Autonómicas andaluzas para tomar decisiones, ya instalados en el poder, y algunas de esas decisiones fueron tomadas tal vez con demasiada premura y otras no tomadas en absoluto o tomadas en contra de promesas hechas en el período de elecciones. Sobre estas decisiones tomadas de forma precipitada o promesas no cumplidas, voy a centrarme en este comentario en una sola de las decepciones sufridas por la totalidad del electorado español consumidor de tabaco , especialmente el de Andalucía, y ésta es la que concierne a los fumadores, es decir, al tabaco. Expongo a continuación cuál es mi criterio al respecto.

España es una de las naciones europeos en la que más disfruta el ciudadano de la vida en la calle y, especialmente, en plazas, bares, cafeterías y restaurantes. Dentro de esta forma de vida es Andalucía la que se lleva la palma y es precisamente en Andalucía donde más bares hay por habitantes. Raramente se encuentra un bar en Andalucía, a menos que sean bares de puntos de paso como podrían ser los bares y cafeterías en estaciones de ferrocarril, paradas de guaguas, eventualmente mercados, y pocos más, que no se conviertan en puntos donde se toma el ‘pisco’ cotidiano, se charla de Zarra y lo Divino, se echa la partida de lo que corresponda y se convierten en sitios de paso ‘obligado’ donde una gran parte de la ciudadanía encuentra algún tipo de desahogo o distracción a las cuitas del día que no encuentra o le es negada en otra parte de su hábitat cotidiano.

España ha sido desde tiempos inmemoriales un país de fumadores, hasta tal extremo que, en los tiempos del racionamiento del tabaco y su escasez de los años cuarenta con altos precios en el mercado del estraperlo, había fumadores que fumaban cigarrillos hecho con hojas de papas secas liadas como cigarros. Hoy, si bien esta adicción al tabaco ha disminuido considerablemente, sigue siendo una realidad el que tengamos una tasa muy alta de personas que fuman, llegando su número a alcanzar el 50%, aproximadamente, de la población adulta, cosa que tiene una importancia muy relevante en los ingresos que el Estado recibe por la vía de impuestos al tabaco que consumen los fumadores. A este número de españoles fumadores hay que sumarle el número de visitantes que anualmente visitan España, bien en viajes de trabajo o de placer, los cuales superan los 50 millones de personas de las cuales un porcentaje considerable son también fumadores.

Como quiera que el fumar es nocivo para la salud -creo que nadie lo discute, tanto si no es fumador como si no lo es- y perjudica además tanto al que fuma como también a las personas que comparten por tiempos indeterminados su entorno, el Gobierno de Zapatero promulgó la Ley Antitabaco de 2006 (Ley Antitabaco 28/2005 que entró en vigor el 1 de enero de 2006) que limitaba el consumo de tabaco a ciertos espacios determinados de los edificios públicos, y, en lo que a la hostelería se refiere, ordenó la creación de zonas de fumadores y no fumadores, debidamente aisladas una de otra, y, también, la posibilidad de prohibición total para fumadores o la libertad total para los mismos en los bares y restaurante que quisieran optar por cualquiera de las dos opciones. Podemos aseverar que ya con estas medidas estaban atendidas las reclamaciones de los no fumadores de concurrir a locales con ambientes limpios de humos y a los fumadores de concurrir a los locales en los que el fumar estaba permitido. En todo caso corría a la potestad del dueño del establecimiento el optar por la clientela para su negocio que más fuera de acorde con sus intereses.

Dentro de sus necesarias limitaciones para satisfacer a las dos partes afectadas por el tabaco, esta ley funcionó moderadamente bien y no había la más absoluta necesidad de endurecerla por exigencias de la parte no fumadora o por simple populismo.

El Gobierno socialista que ganó las Generales del 2008, nuevamente presidido por Zapatero, haciendo gala del clásico dirigismo e intromisión en la vida privada del ciudadano que es nato en algunas izquierdas, no se dio por satisfecho con las limitaciones que ya imponía al fumador la Ley Antitabaco del 2006, su Ley, sino que se impuso la tarea, tal vez con la estudiada meta de distraer, con un asunto muy polémico por incidir de lleno en la libertad de la persona, la atención del ciudadano de otros asuntos de mucha más gravedad de la situación de la Nación, y puso al frente del Ministerio de Sanidad a la señora Leire Pajín como ministra muy ‘especializada en problemas sanitarios’ en su ‘larga trayectoria’ por la sanidad española, quien pensó que uno de los cometidos de un Ministro de Sanidad es dictar leyes que mejoren la sanidad y alarguen la vida del ciudadano, incluso si ello implica el cabrear hasta el paroxismo al 50% de la población adulta de la Nación, así es que hizo notar su presencia en la vida nacional de esa manera y se enfrascó en la reforma de la Ley Antitabaco del 2006, -Ley que originó altos gastos en reformas para los establecimientos que optaron por las dos zonas en sus establecimientos, fumadores y no fumadores, los cuales no tuvieron tiempo material de amortizar los desembolsos o créditos contraídos- y se sacó de la manga la tristemente famosa Ley Antitabaco del 2011 (Ley 42/2010 de 30 de diciembre) que entró en vigor el 2 de enero de 2011 y que tuvo como consecuencia la prohibición absoluta en todo local público que desencadenó consecuencias inmediatas en todo tipo de establecimiento hostelero con la consiguiente pérdida de clientela en dichos negocios y el despido de empleados que quedaron ociosos, especialmente en bares, cafeterías y restaurantes, además de cierres masivos de establecimientos de este gremio por la falta de clientela. Un ataque frontal e irracional a la libertad del individuo en lo que más duele, sus hábitos personales, y una ‘puñalada trapera’ a la creación de puestos de trabajo en una Nación que su desempleo rondaba ya a la sazón los cinco millones de personas.

El Partido Popular, desde su toma del poder a finales de diciembre de 2011, ha tenido que enfrascarse en trazar las líneas maestras que puedan sacar a España del pozo negro en que la ha dejado el socialismo de Zapatero y, en sus indiscutibles actuaciones en poner orden en una casa que se está cayendo a trozos, se está viendo obligado a tomar medidas que se proyectan todas ellas, con alguna que otra excepción, a amargar aún más la vida del ciudadano corriente y moliente porque, en cierto modo, no puede ser de otra manera ante la ruina económica que se ha encontrado y en la que España está metida. Se han tomado, muy sobre la marcha, medidas que, como el aumento del IRPF, no han sido muy bien digeridas por el grueso de los afectados de forma significativa por dichas medidas porque, aunque no se ha entrado a fondo en los cortes (digo cortes y no recortes) del gasto público que España necesita antes de recurrir al aumento del IRPF, la ciudadanía lo ha asumido como necesario a la vista de las imposiciones en que Bruselas tiene encuadrada a España, muy temerosa, Bruselas, de que España se meta en la senda del no retorno que sigue Grecia.

Medidas impopulares han sido tomadas y es de suponer que vendrán algunas aún más impopulares pero el Partido Popular, nebulizado por la magnitud de los problemas que tiene ante sí y a los que tiene que ir dando soluciones, parece tener claro, no obstante, que los españoles hemos entrado en la travesía del desierto que nos ha dejado el socialismo de Zapatero a todos los niveles y no ha tenido en consideración que la travesía de un desierto necesita agua, es decir, no sólo esfuerzo y sacrificio sino algo que permita seguir caminando y paliar ‘la sed’ del caminante que en el desierto es agua y para el individuo en el día a día de hoy son las pequeñas cosas que, dentro del clima desolador que le rodea, le hacen la vida más agradable en el aspecto estrictamente personal. Dentro de esas pequeñas cosas puede encontrarse el tabaco para los fumadores, que son legiones, y que su prohibición en locales públicos ha significado un tajo radical a su libertad personal y una agresión insufrible al derecho de escoger los hábitos que, dentro de la legalidad, sean de su agrado.

Sí, el tabaco no hace feliz al que lo tiene como hábito pero es indiscutible que le da sosiego y le hace la vida más agradable, especialmente en momentos de dificultades o de alegrías del día a día, lo que no quiere decir que sea saludable a medio o largo plazo. Con respecto a este tema del tabaco, el Partido Popular se pronunció en su campaña electoral a favor de derogar la vigente ley del tabaco y sustituirla, bien por la anterior o por la anterior con matices para cumplir con apariencias políticas. No fueron pocos los votos que este pronunciamiento a favor de la derogación de semejante ley estalinista los que fueron a parar a las urnas a favor del Partido Popular, especialmente por parte del gremio de la hostelería que tan tremendamente perjudicado ha resultado con esta ley, y, también, por los no pocos profesionales de la hostelería que han perdido sus puestos de trabajo y tienen muy escasas posibilidades de recuperarlos con esta ley en vigor, además de aquéllos que estamos en contra de las agresiones innecesarias de este tipo a la libertad de la persona dentro de un sistema democrático.

No ha cumplido el Partido Popular con el compromiso verbal de revisar la dicha ley, y, en contra de todas las expectativas favorables de toda la hostelería, ha confirmado la señora Ministra de Sanidad, Ana Mato, licenciada en Sociología además de ser la Ministra de Sanidad, que no va a hacer cambios a la ley antitabaco estalinista de su predecesora en el cargo, la señora Ministra del Gobierno de Zapatero Leire Pajín Iraola, también socióloga. Todo esto antes de que se celebraran las elecciones de Andalucía. A la actual señora Ministra de Sanidad le ha faltado el añadido de la asignatura de Sicología a la de Sociología, que ya ostenta, porque buen flaco favor le ha hecho a su compañero y candidato a la Presidencia de la Junta de Andalucía, Javier Arenas, al no darle la oportunidad de demostrar a España entera, pero sobre todo a los andaluces por lo inminente de sus Elecciones Autonómicas, de que el Partido Popular no les va a agriar la vida por la aplicación de las imposiciones que le vienen dictadas de Bruselas sino que también les va a dar la posibilidad de recuperar libertades personales perdidas durante la legislatura de Zapatero que nada tienen que ver con políticas dimanantes de Bruselas como es poder volver a fumar en los locales en que siempre mantuvo sus tertulias y siempre lo hicieron.

Demasiado tecnicismo y poca sensibilidad social en lo referente a la libertad personal del individuo que son las que marcan cuál es el núcleo democrático del que manda y tiene la inexcusable obligación de tomar decisiones, con frecuencia duras, por el bien de la comunidad cuando así lo exijan las circunstancias, pero no tiene la obligación ni debe tomar decisiones y promulgar leyes innecesarias que van directamente contra la libertad individual de la persona y en este asunto de no derogar la existente ley del tabaco antes de las elecciones de Andalucía ha sido un factor de muchísima importancia en el resultado de las elecciones, un craso error el no demostrar al pueblo andaluz, tan persistentemente machacado por los medios de comunicación bajo control socialista en casi toda Andalucía de las imposiciones que le vendrían encima si votaban a la ‘derechona’ española. Con el mantenimiento de la fatídica Ley del Tabaco ha perdido el Partido Popular una oportunidad de oro de demostrar de forma fehaciente a los andaluces que no sólo no es la “derechona” que propaga el socialismo andaluz sino que es hoy un partido político que devuelve al ciudadano español libertades que le han sido secuestradas por mentes radicalistas de gobiernos anteriores y se encuentra hoy por hoy en cabeza de los partidos que lideran y defienden la dignidad del individuo y la unidad de España. El suprimir de un plumazo la ley antitabaco estalinista de Zapatero habría sido una prueba irrefutable de qué partido político defiende la libertad del individuo y Andalucía, cuya actividad económica es fundamentalmente la hostelería, no habrían faltado a la cita con las urnas si no se hubiesen sentido defraudados por el Partido Popular con el mantenimiento de la Ley del Tabaco, cuya derogación fue anunciada por sus dirigentes durante la campaña electoral.

El tabaco, la herradura que perdió el caballo y que conllevó a que el caballo no llegara a su destino, ha sido, en una Andalucía, con una economía fuertemente dependiente de la infinidad de establecimientos hosteleros que existen por todas partes y que tan duramente han sido castigados por la actual Ley del Tabaco, el causante , en gran medida, de esa ausencia de los votos necesarios que no han hecho posible que el Partido Popular consiguiera esa imprescindible mayoría absoluta para poder hacerse cargo del Gobierno de la Comunidad Autónoma andaluza.

El Partido Popular, y España, perdieron la ‘Guerra de Andalucía’. ¿Las causas? EL TABACO, o, si lo prefiere el lector, “LA HERRADURA QUE PERDIÓ EL CABALLO”.
¿Responsables? Ninguno, sólo son políticos, levitan, están muy lejos del suelo por el que a diario arrastra sus problemas el hombre de la calle.

A todo esto debo añadir que fui un fumador empedernido hasta el año 1986 en el que decidí tomarme un respiro de unas semanas, no precisamente por prescripción facultativa sino por propio deseo, respiro al que añadí, cuando se terminó el tiempo que me marqué, unas cuantas semanas más sin probar un solo cigarrillo y, al sentirme mejor, sobre todo más libre, continué el ‘respiro’ que ya dura hasta el día de hoy. Ahora no está en mi ánimo el volver a fumar.

Antes de la publicación de esta nueva ley del tabaco que sigue estando en vigor, ley que denomino sin ningún ambages estalinista por cercenar la libertad personal del individuo, publiqué en este blog un comentario sobre la ley, aún en trámites de aprobación, denunciando el recorte de la libertad del individuo para elegir sus hábitos, dentro de lo legal, y el tremendo perjuicio que iba a ocasionar a todo el gremio de la hostelería, precisamente la industria que aporta a España el 10% de su PIB, turismo incluido, claro.

A continuación el enlace que le llevará al mencionado artículo, artículo que originó una fuerte polémica entre los partidarios y detractores del tabaco y en la que no faltaron acusaciones a mi personas tales como ser “una pluma mercenaria al servicio de las grandes multinacionales del tabaco”, y en el que anunciaba el daño que haría la mentada ley, daño que se ha confirmado como real en la destrucción de puestos de trabajo y todo ello en una nación que cuenta ya con más de cinco millones de parados y tiene como huéspedes a más de cincuenta millones de turistas, muchos de ellos fumadores.

DOMINGO 12 DE SEPTIEMBRE DE 2010

¡A FUMAR A LA PUTA CALLE, CERDO!…..¡TE REFORMARÉ!

MARTES 4 DE ENERO DE 2011

LA NUEVA LEY ANTITABACO: Y EL DISPARATE SE CONSUMÓ

Las Palmas de Gran Canaria, 27 de marzo de 2012.

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