GRAN CANARIA EN SU ENCRUCIJADA (I)

 

¿HACIA DÓNDE SE ENCAMINA GRAN CANARIA?

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El decir hoy en día que Gran Canaria va por la senda del progreso, de la expansión económica y desarrollo no se ajusta a la verdad. Gran Canaria hoy se encuentra inmersa en un clima de pesimismo empresarial que es de gran preocupación para cualquiera medianamente informado porque es precisamente ese mundo empresarial el que tiene que generar con su iniciativa y riesgo de capital empleo y riqueza. ¿Y por qué ese pesimismo en el mundo empresarial grancanario, se preguntará el lector? Para contestar a esta supuesta pregunta hay que comenzar diciendo que no hay una sola razón, hay razones varias, así que voy a tratar de dar perfil a alguna de ellas, veamos: llevamos más de una década, desde que ATI manda y dispone en Canarias, en que los estamentos gubernamentales han estado permanentemente sacando normas y más normas que han ido creando una maraña burocrática que es muy difícil de superar para cualquier empresario que no disponga en su empresa de un equipo de especialistas, juristas y otros amañados en presentar y llevar a buen término a la aprobación de cualquier proyecto ante la Administración.

 

A todo esto, y por si no hubiera ya más que suficientes normativas a cumplimentar para cualquier iniciativa, especialmente y con fijación en el área urbanista, el anterior presidente del Gobierno canario, Román Rodríguez, y su equipo gobernante concibieron la Ley de Directrices   -muy del agrado y enérgicamente impulsada por el empresariado turístico tinerfeño a través de ATI, su brazo político y ejecutor de decisiones sublimes para Tenerife-,    Ley ésta  que fue aprobada unánimemente, incomprensiblemente unánimemente por todo el Parlamento Canario el 14 de abril de 2003. Esta Ley significó una congelación absoluta del crecimiento turístico grancanario, dado que las escasas excepciones que contempla la misma para nuevos proyectos son tan extremadamente leoninas que es prácticamente imposible superar las trabas burocráticas que condicionan la materialización de cualquier proyecto hotelero; tanto es así que queda al criterio de la política del momento el decidir sobre proyectos que, aún habiendo cumplido con todos los requisitos ya aprobados en sus correspondientes Planes Parciales por los estamentos gubernamentales pertinentes, queda, después de la citada Ley de Directrices, a criterios políticos a escala de Parlamento  ¡nada menos que a escala de Parlamento! el darles luz verde o rechazarlos. La falta de un metro cuadrado de césped en cualquier punto del proyecto, como un ejemplo simple pero real, puede ser suficiente argumento para desestimar un proyecto que puede haber estado en tramitación varios años y cumplir con toda la normativa en vigor. Por consiguiente, al convertirse el aprobar un proyecto cualquiera en un asunto sometido a la política, propicia el sectarismo político y el clientelismo, siendo más que posible que sólo tendrán posibilidades de salir adelante aquellos proyectos de empresarios que gocen de muchas simpatías y amigos en el Gobierno de turno.

 

¿Consecuencias para Gran Canaria de esta situación? Bueno, creo que las consecuencias ya están a la vista: Gran Canaria lleva más de una década paralizada por normativas burocráticas emanantes de los últimos Gobiernos y no ha crecido lo necesario y en su debido momento en su planta hotelera con establecimientos de alta categoría, quedándose muy rezagada en su oferta hotelera con relación a Tenerife, nuestra mayor competencia en el mercado turístico europeo; ha perdido imagen y gancho en el citado mercado turístico. No hay que olvidar que es la planta hotelera precisamente la que impulsa el lanzamiento de cualquier zona turística –como un ejemplo cercano ahí tenemos a Puerto Rico que por no disponer de hoteles en su etapa inicial tardó muchos años en su lanzamiento turístico-   y es el paraguas que da cobijo a la cama extrahotelera. Aquí se ha cometido el imperdonable error de poner coto al crecimiento hotelero, y, por otra parte, tenemos la cama extrahotelera que, al no tener ‘locomotora’, -léase suficientes hoteles de calidad-   que tire de ella, se ha abandonado y ha entrado en ausencia de beneficios, sumergiéndose en la desidia y la falta de renovación, cosa que  ha llevado a una obsolescencia a la mayor parte de ellas que ya no tiene retorno; la cama extrahotelera en Playa del Inglés, casi en su totalidad, ya no tiene solución alguna porque el mercado de gente media ya no acepta ese tipo de oferta y sólo ciudadanos de barrios pobres y marginales de las grandes ciudades son los candidatos a ocuparlas a precios muy bajos.

 

Así las cosas, la miopía que se aprecia en instancias gubernamentales que postulan la renovación de esas camas obsoletas y bloquean al mismo tiempo el crecimiento de nuevas camas hoteleras es un despropósito enorme que traerá unas consecuencias tan nefastas para Gran Canaria que difícilmente podremos superarlas porque la oferta hotelera en otros mercados competidores nuestros está viva y en permanente crecimiento con hoteles de una calidad rompedora y a precios muy económicos, por lo que, si bien es acertado el alentar la renovación de esas camas obsoletas que pudieran ser orientadas como oferta residencial a jubilados europeos   -de su renovación ser lo minimamente aceptable-,   es una barbaridad el bloquear al mismo tiempo el crecimiento de nuevos hoteles para dar protección a lo existente, especialmente a esas camas que, renovadas o no renovadas, no tienen demanda en el turismo de calidad que se decanta casi en su totalidad por la oferta hotelera.

 

Por tanto, el intervencionismo y el proteccionismo que se practica por parte del Gobierno en el control y dirigismo del sector turístico está fuera de lugar en una economía de libre mercado donde el empresario que construya un establecimiento turístico no tiene porqué ser diferente del que monta una peluquería; si donde abre su negocio el peluquero está plagado de otras peluquerías corre el riesgo de no tener clientela y que no pueda cubrir gastos. Ese problema se suele solucionar haciendo previamente una valoración de la población de los aledaños propensa a ser cliente del local y a la confianza en su propia profesionalidad para captar clientes, por lo que si las cosas le van mal es su problema y no tiene porqué ser el Gobierno el que venga a solucionárselo vetando la creación de nuevas peluquerías. Exactamente esto ocurre con los hoteles y no es explicable ni comprensible que el Gobierno ostente ese paternalismo protector de las empresas instaladas interviniendo y haciendo suyo la supuesta solución de problemas que no son de su competencia, son problemas estrictamente de planificación de inversiones del mundo empresarial y si construyen un hotel donde no hay demanda para el mismo y van a la quiebra, pues muy bien, que vayan a la quiebra. También va a la quiebra el peluquero que no ha estudiado bien si había clientela potencial para su peluquería y nadie del Gobierno se rasga las vestiduras por ello.

 

Por otra parte, existe una tendencia aquí en Gran Canaria a que medios de comunicación monten un alarmismo a cada paso sobre el sector turístico en cuanto se quedan camas por ocupar en nuestra Isla sin parar en mientes que en el mundo de la oferta de la cama turística o la de hotel de ciudad es toda una satisfacción para dirigentes de establecimientos en Europa el conseguir una ocupación media anual entre el 65 y el 70% de sus camas. Aquí, donde la ocupación de la cama  suele estar en una media anual superior al 90%, en cuanto quedan camas por ocupar en los establecimientos turísticos, se monta la carajera de costumbre y todo  el que tiene algo que opinar     -Gran Canaria es el punto de Europa donde hay más gente que es ‘doctorada’ en turismo-,   tanto en tribunas periodísticas como en tribunas políticas, se mete a salvador de intereses ajenos y a postular un proteccionismo a la cama existente que una y otra vez nos conduce a la congelación de nuevas licencias de obras, y una y otra vez traen como consecuencia las clásicas estampidas de construcciones cuando se levanta ‘la veda’, con toda la carga negativa que ello implica porque mete muchas camas de golpe en el mercado en primer lugar y en segundo lugar porque se construyen camas por miedo a perder las licencias y sin el previo estudio si hay mercado para ellas; a estas camas que irrumpen de esta forma en nuestra oferta las podríamos denominar ‘las camas del miedo’ y de la obsesión de políticos por intervenir y planificar un mercado que no necesita ser dirigido por quienes nada saben de él.

 

Ante esta situación de la política económica del “stop and go”, practicada desde décadas en Gran Canaria, política totalmente desterrada desde hace mucho tiempo por todos los gobiernos occidentales por sus nefastas consecuencias habidas, sólo cabe decir aquí en Canarias que el día que el Gobierno se dedique a lo suyo    -como puede ser solucionar de una vez y por siempre el sangrante problema de los enfermos mentales, por citar un ejemplo-    y deje de dirigir e intervenir en asuntos que conciernen a  empresarios como es el si se debe o no se debe hacer un hotel y en qué momento, podremos ver como de una vez por todas entramos de verdad en la economía de libre mercado y veremos como el mercado se regula solo y que sólo se harán hoteles donde puedan tener clientes y también cómo las camas existentes, faltas de proteccionismo gubernamental al no congelar el Gobierno el crecimiento de la competencia, se renovarán y se pondrán al día, además de esmerarse más en sus servicios y se acabará la inmoralidad de  los contratos basuras, verdadero cáncer de la hostelería,  porque será la única forma de conseguir clientes. Si alguien quiere una muestra de lo que aquí he relatado, no tiene más que pensar y analizar que Las Palmas de Gran Canaria lleva alrededor de 25 años sin que se construya un solo hotel y que en Telde desapareció el único hotel que había y no se ha vuelto a construir ningún otro, todo ello sin moratorias de ningún tipo. ¿Razones? Muy simples: la ley del mercado, si no hay demanda nadie arriesga su dinero para no obtener beneficios.

 

Las Palmas de Gran Canaria, 10 de diciembre de 2005-12-10

 

Daniel Garzón Luna

 

 

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