GRAN CANARIA EN SU ENCRUCIJADA (y XII)

LA LEY DE DIRECTRICES Y EL SR. COBIELLA: ¡A OTRO PERRO CON ESE HUESO, SR. COBIELLA!
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El presidente de la Asociación Hotelera y Extrahotelera de Santa Cruz de Tenerife (ASHOTEL), Pedro Luís Cobiella, una relevante personalidad dentro de las filas de ATI, ha hecho unas declaraciones al diario "La Provincia/Diario de Las Palmas" a cuento de la Feria del Turismo de Madrid (FITUR) que fueron publicadas por dicho periódico el día 29 de enero en su página 32, en las que pedía, voz en grito casi, la prorrogación de la Ley de Directrices, ley que expira el 14 de abril del año en curso después de tres años de vigencia. Como ya todos sabemos, creo, esta ley es una moratoria al crecimiento turístico, y coincido plenamente con el criterio del señor Cobiella en que esta ley debe ser prorrogada por DIEZ años más pero sólo y exclusivamente para la isla de Tenerife   –lo repito para evitar malos entendidos-   sólo y exclusivamente para la isla de Tenerife. ¿Y por qué sólo y exclusivamente para la isla de Tenerife, se preguntará el lector? Pues porque Tenerife forzó, aprovechando su hegemonía política a través de ATI, la aprobación de esta ley cuando ellos ya tenían más que suficientes camas hoteleras, lo que estaba exigiendo el mercado en superlativo, y consiguieron con esta ley que otras islas, especialmente Gran Canaria, no pudieran hacerle competencia en el mercado turístico en el futuro. Consiguieron su objetivo, no hay la menor duda de ello. Ahora me remito a datos muy concretos y totalmente comprobables que vendrán a corroborar lo que acabo de decir. Veamos:
 
Para enjuiciar la Ley de Directrices y su implantación por tres años en abril del 2003 hay que remontarse al comienzo de la década de los noventa en cuyo principio, alrededor de 1990, Gran Canaria disponía de unas 35.000 camas hoteleras y alrededor de 80.000 extrahoteleras, mientras que Tenerife rondaba también las 35.000 hoteleras y alrededor de las 50.000 extrahoteleras. Tanto Gran canaria como las demás islas estaban obligadas por ley a redactar y llevar a la aprobación del Gobierno canario sus respectivos Planes Insulares de Ordenación del Territorio, los llamado PIOT. Gran Canaria se enfrascó en la redacción de su PIOT y a partir de 1992 congeló todo tipo de licencias para construcciones turísticas, precisamente el año en que comenzó a producirse una demanda espectacular del mercado turístico que se prolongó durante toda la década. Tenerife, por su parte, que también estaba obligada como las demás islas a redactar su PIOT, estuvo ‘mareando la perdiz’ con la redacción del mismo durante toda la década y no impuso ninguna suspensión de licencias ni congeló su crecimiento, por lo que llegó al final de la década con 108.000 camas hoteleras de las 181.000 regladas que tiene Tenerife, según su consejero de turismo del Cabildo tinerfeño, señor Bermúdez. (Ver a este respecto las ediciones de "Canarias-7" del día 26 de enero, página 7, donde opina el señor Bermúdez y del día 24, página de "Economía" donde quedan reflejadas las 181.000 camas turísticas que tiene Tenerife).
 
Así las cosas, llegamos al final de la década de los noventa en que Tenerife cuenta con una impresionante oferta hotelera de más de 100.000 camas, casi todas de cuatro y cinco estrellas y nuevas, mientras que Gran Canaria llega con unas 38.000 camas hoteleras, gran parte de ellas muy necesitadas de urgente renovación, manteniendose en el mercado la demanda por la cama hotelera en detrimento de la cama de apartamento o bungalows, es decir, de la extrahotelera. Aquí es precisamente cuando se comienza a gestar por parte de Tenerife la imposición de una congelación total y absoluta a la construcción de nuevas camas turísticas, de forma que Gran Canaria, especialmente, no pudiera aumentar su planta hotelera y no pudiera significar una competencia seria para Tenerife en el mercado turístico en el futuro, congelación del crecimiento que ellos se podían  permitir el lujo de soportar pues su oferta hotelera alcanzada en menos de una década era tan espectacular que se habían garantiado la hegemonía absoluta en el mercado turístico europeo. Aquí comenzó el ‘baile’ de las moratorias y otras gaitas que vinieron a traernos a la situación que hoy estamos viviendo: Tenerife tiene la oferta hotelera que exige el mercado, 108.000 camas de cuatro y cinco estrellas en su mayoría, mientras Gran Canaria apenas llega a las 45.000 de las cuales muy pocas son de nuevo cuño. ¿Consecuencias de esta situación? Ahí las tenemos para ver y palpar: en el pasado año Tenerife recibió cinco millones de turistas mientras que Gran Canaria sólo recibió tres millones trescientos mil; ellos recibieron un millón setecientos mil turistas más que nosotros y se llevaron el 41% del total de turistas que visitaron el Archipiélago en el 2005, ingresando en este año 1.900 millones de euros más que Gran Canaria. (Información tomada del diario "Canarias-7", día 24, página de "Economía"). Esta cifra en millones de las antiguas pesetas casi produce vértigo.
 
Bueno, ahí están los datos, datos que no me he sacado de la manga pues se mencionan las fuentes que los han hecho público, por tanto, si ahora viene este señor Cobiella con la pretensión de que se prorrogue la moratoria al crecimiento turístico o Ley de Directrices, que expira el 14 de abril del año en curso como ya he mencionado, con la sabia intención que SU isla, Tenerife, siga manteniendo por los tiempos de los tiempos esa hegemonía en el mercado turístico que han conseguido zancadilleando a las demás islas, no hay más remedio, oppino, que decir al señor Cobiella que prorroguen la moratoria para Tenerife y que la apliquen en aquellos puntos de su isla que les sea más de su agrado; así es que digo al señor don Pedro Luís Cobiella, presidente de la Asociación de Hoteleros y Extrahoteleros de Santa Cruz de Tenerife, (ASHOTEL), lo siguiente: váyase usted a predicar a SU isla, inyecte su verborrea a sus acólitos porque en esta isla, La Gran Canaria, hay ciudadanos, por lo menos el que suscribe lo aquí escrito, que no acepta sus sermones descaradamente proteccionistas para SU isla y sus intereses demostrados más que bastardos porque han pasado por encima del interés general de todas y cada una de las demás islas del Archipiélago. ¡A OTRO PERRO CON ESE HUESO, SEÑOR COBIELLA!
 
Las Palmas de Gran Canaria, 31 de enero del 2006.
 
Daniel Garzón Luna
 
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