GRAN CANARIA EN SU ENCRUCIJADA (y XI)

EL EXPRESIDENTE CANARIO ROMÁN RODRÍGUEZ, SU LEY DE DIRECTRICES Y EL PUENTE SOBRE EL RIO KWAI

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El diario “Canarias-7” de Las Palmas de Gran Canaria publicó el pasado día 28, en su página 16, un artículo firmado por el anterior presidente de Canarias, Román Rodríguez, en el que, además de usar un palabrerío hueco y demagogo tratando de sublimizar la Ley de Directrices, su Ley, pone de manifiesto que dicha ley “presenta un balance más bien pobre” y que lo único que funcionó de inmediato fue la aplicación del crecimiento cero para nuevas plazas turísticas, que no es poco precisamente porque eso fue exactamente el fin perseguido por los áticos tinerfeños que la promovieron y consiguieron su aprobación en el Parlamento canario con el concurso de los parlamentarios grancanarios y, por supuesto, con su inestimable colaboración. La defensa numantina que el señor Román Rodríguez hace de su Ley de Directrices, para él y sus afines sublime, bien vale un comentario. Veamos:

 

Para enjuiciar la Ley de Directrices y su implantación por tres años en abril del 2003 hay que remontarse al comienzo de la década de los noventa en cuyo principio, alrededor del 1990, Gran Canaria disponía de unas 35.000 camas hoteleras y alrededor de 80.000 extrahoteleras, mientras que Tenerife rondaba también las 35.000 hoteleras y alrededor de las 50.000 extrahoteleras por esas fechas. Tanto Gran Canaria como las demás islas estaban obligadas por ley a redactar y llevar a la aprobación del Gobierno canario sus respectivos Planes Insulares de Ordenación del Territorio, los llamados PIOT. Gran Canaria se enfrascó en la redacción de su PIOT y a partir de 1992 congeló todo tipo de licencias para construcciones turísticas, precisamente el año en que comenzó a producirse una demanda espectacular del mercado turístico que se prolongó durante toda la década. Tenerife, por su parte, que también estaba obligada como las demás islas a redactar su PIOT, estuvo ‘mareando la perdiz’ con la redacción del mismo durante toda la década y no impuso ninguna suspensión de licencias ni congeló su crecimiento, por lo que llegó al final de la década con 108.000 camas hoteleras de las 181.000 regladas que tiene Tenerife, según el consejero de turismo del Cabildo tinerfeño, señor Bermúdez. (Ver a este respecto las ediciones de “Canarias-7” del día 26 de enero, página 7, donde opina el señor Bermúdez y del día 24, página de “Economía” donde quedan reflejadas las 181.000 camas turísticas que tiene Tenerife).

 

Así las cosas, llegamos al final de la década de los noventa en que Tenerife cuenta con una impresionante oferte hotelera de más de 100.000 camas, casi todas de cuatro y cinco estrellas y nuevas, cuando Gran Canaria llega con unas 38.000 camas, gran parte de ellas muy necesitadas de urgente renovación, manteniendose en el mercado la demanda por la cama hotelera en detrimento de la cama de apartamento o bungalows, es decir, de la extrahotelera. Aquí es precisamente cuando se comienza a gestar por parte de Tenerife la imposición de una congelación total y absoluta  a la construcción de nuevas camas turísticas, de forma que Gran Canaria, especialmente, no pudiera aumentar su planta hotelera y no pudiera significar una competencia seria para Tenerife en el mercado turístico en el futuro, congelación del  crecimiento que ellos se podían permitir  el lujo de soportar pues su oferta hotelera alcanzada en menos de una década era tan espectacular que se habían garantizado la hegemonía absoluta en el mercado turístico europeo. Aquí comenzó el ‘baile’ de las moratorias y otras gaitas que vinieron a traernos a la situación que hoy estamos viviendo: Tenerife tiene la oferta hotelera que exige el mercado, 108.000 camas de cuatro y cinco estrella en su mayoría, mientras Gran Canaria apenas llega a las 45.000 de las cuales muy pocas son de nuevo cuño. ¿Consecuencias de esta situación? Ahí las tenemos para ver y palpar: en el pasado año Tenerife recibió cinco millones de turistas mientras que Gran Canaria sólo recibió tres millones trescientos mil; ellos recibieron un millón setecientos mil turistas más que nosotros y se llevaron el 41% del total de turistas que visitaron el Archipiélago en el 2005, ingresando en este años 1.900 millones de euros más que Gran Canaria (información de “Canarias-7”, día 24, página de “Economía”). Esta cifra en millones de las antiguas pesetas casi produce vértigo.

 

Bueno, ahí está expuesta la situación en la que nos encontramos y se impone la pregunta: ¿qué pintó el señor expresidente, Román Rodríguez, y su Gobierno en este ‘baile’? El señor Román Rodríguez y otros políticos grancanarios fueron muy sabiamente utilizados por los intereses empresariales tinerfeños, extraordinariamente bien representados por ATI, para sacar una ley de crecimiento cero de  camas turísticas para todo el Archipiélago y no solamente para la isla que pudiera necesitarlo, como era el caso de Tenerife. Esta es la Ley llamada de Directrices aprobada por unanimidad (incomprensiblemente incluidos todos los parlamentarios grancanarios) por el Parlamento de Canarias el día 14 de abril de 2003, con una duración de tres años, Ley ésta que arrastraba ya una moratoria previa de licencias de establecimientos turísticos desde enero de 2001, o sea, que Gran Canaria no ha salido de moratorias frenadoras de su crecimiento turístico desde 1992. El señor Román Rodríguez es el principal responsable, además de otros afines a su ideología rayana en el marxismo y políticos grancanarios miopes y conformistas, que Gran Canaria esté condenada al turismo de alpargatas de forma masiva, porque esa pretensión mencionada en su artículo de que la solución no son más camas turísticas sino la renovación de las existentes muestra su total y absoluta ignorancia de lo que pide el mercado y que las 100.000 camas extrahoteleras de Gran Canaria nunca podrán suplir a la cama hotelera en la demanda del mercado por mucha renovación que se les haga, cosa ya de por sí casi imposible dado la atomización de la propiedad en los establecimientos de ese ramo.

 

En resumidas cuentas: el señor Román Rodríguez, en su afán intervencionista y dirigista de la economía de nuestra Isla, picó el anzuelo que le echó el empresariado de Tenerife que está tan excelentemente representado por ATI, a los que se les sumaron algunos empresarios grancanarios ávidos de proteccionismo, y propulsó este crecimiento cero de nuestro desarrollo, cosa que nos ha llevado a una desventaja descomunal en nuestra oferta hotelera con relación a nuestro mayor competidor, Tenerife, que ya es casi imposible remontar; la única salida es sacar los bueyes del dirigismo e intervencionismo del campo de labranza y dejar que crezcan las mieses, alentando y no acobardando con una burocracia absurda a la iniciativa privada en sus proyectos pues tenemos playas tan extraordinarias que, complementadas con otras posibilidades de ocio como el golf, puertos deportivos, etc., podrían sacar a Gran Canaria de la situación de pérdida de competitividad y colapso en que ahora se encuentra.

 

Bueno, se preguntará el lector: ¿y cuál es la relación entre Román Rodríguez, la Ley de Directrices y el Puente sobre el Rio Kwai? La respuesta es muy simple y muy sencilla: que el coronel Nicholson, prisionero de guerra de los japoneses, edificó con sus soldados, también prisioneros, el formidable puente sobre el río Kwai en la selva de Ceilan, hoy Sri Lanka, un puente de hierro que haría posible a los nipones el penetrar por ferrocarril e invadir la India británica. El coronel Nicholson, que puso una férrea voluntad en ejecutar una obra de la cual se sentía orgulloso que hubiese sido hecha mayoritariamente por ingleses en la situación de prisioneros, le entró lucidez en el cerebro en el último momento y decidió destruirlo arrojándose él mismo sobre el detonador que voló el puente cuando ya las tropas japonesas lo atravesaban en ferrocarril. Nuestro expresidente Román Rodríguez ha hecho construir ‘el puente del río Kwai’ para Tenerife, su Ley de Directrices, y Tenerife ha entrado a saco en el mercado turístico y ha arrasado a Gran Canaria. Ahora, no sólo no destruye el puente para que no se ‘infiltre’ más el ‘enemigo’, sino que reclama perpetuar dicho puente para que el dominio tinerfeño del mercado turístico sobre Gran Canaria se mantenga así por los tiempos de los tiempos. Sin duda que hay coroneles que, aunque sea en el último momento, les entra la lucidez en el cerebro y toman decisiones reparadoras de lo mal hecho, pero hay otros que, tal vez por haber sido aupados a ‘los altares’ en días en que Dios andaba pescando en San Nicolás de Tolentino, la luz no entra en sus cerebros ni en los días del más recalcitrante solajero del verano.

 

Las Palmas de Gran Canaria, 30 de enero de 2006.

 

Daniel Garzón Luna

http://spaces.msn.com/zxcvbn14

 

 

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