LA NAVE DEL TURISMO GRANCANARIO: EMBARRANCAMIENTO ANUNCIADO (y VIII)

RUIDO EN LA ZONA TURÍSTICA

 El ruido es un serio problema de salud pública y el mayor enemigo ambiental del ciudadano de la urbe.  Así le consta a la OMS (la Organización Mundial de la Salud) cuyo informe del año 2006, del cual se hizo eco la prestigiosa revista “New Scientist”, hace saber que murieron en dicho año 7.000.000 de personas por ataques cardíacos de las cuales 210.000 tuvieron su motivación en el ruido. El ruido constante y desproporcionado ejerce, según este informe científico de la OMS, una acción devastadora sobre el sistema nervioso que origina problemas cardiovasculares a muchísimas personas. En Europa tan solo el ruido del tráfico contribuye en un 3% a los ataques cardíacos o apopléjicos que se producen.

¿Y qué tiene que ver esta historia con la decadencia de Playa de Playa del Inglés, se preguntará el Lector? Tiene mucho que ver, muchísimo diría yo; incluso me aventuro a aseverar que el enemigo que más daño ha hecho a la zona turística grancanaria, especialmente a Playa del Inglés, ha sido el ruido. Es casi imposible cuantificar el número de turistas que hemos perdido a consecuencia de una cosa aparentemente tan simple como el ruido y digo lo de ‘aparentemente’ porque se da la circunstancia que donde quiera que vayamos impera la ‘ley del ruido’ y ya lo tomamos por descontado. No obstante, lo que nosotros creemos que es normal   -no en vano somos el primer país después de Japón con el mayor grado de contaminación acústica del mundo-   no tiene necesariamente que creerlo también nuestro visitante y, de hecho, no sólo no lo cree sino que lo rechaza de plano y, además de rechazarlo, toma ‘sus medidas’ para no sufrirlo que son, simple y llanamente, no repetir su estancia entre nosotros ni recomendarnos. El ciudadano de cualquier urbe, Las Palmas capital por ejemplo, sufre diariamente el atronador ruido del tráfico    -gran parte de ese ruido suprimible si las autoridades municipales estuvieran a la altura del problema, que no lo han estado en Las Palmas de Gran Canaria en ningún mandato anterior ni lo están en el presente, aunque con tan sólo tres meses de mandato sea prematuro el denunciarlo-   y no tiene más remedio que aguantarlo por la simple razón que es su lugar de residencia y está atrapado en una trampa de la que no puede inhibirse. Esta situación de ‘enjaulado’ dentro del estruendo del tráfico del habitante de las Palmas capital   -tomada como ejemplo-   no es extrapolable al turista-habitante del Sur de la Isla porque éste lo tiene más fácil, es decir, si durante su estancia de una o dos semanas en Playa del Inglés no puede dormir bien y relajarse, que es para lo que la gran mayoría ha venido, pues entonces no vuelve más y ‘su problema’, que es problema nuestro porque nosotros se lo hemos endorsado durante su estancia aquí, queda resuelto. No repite y, además, cuando cuente las vivencias de sus vacaciones en Playa del Inglés éstas tendrán colgadas la etiqueta del ruido.

Consecuentemente, y porque las cosas están así y no de otra manera, podemos aseverar que el ruido es el enemigo público número uno de Playa del Inglés y un ‘enemigo’ a abatir; este problema exige una solución porque, de lo contrario, nos podemos olvidar totalmente de la salida posible del turismo de salud y seguir por la pendiente hacia la ‘residencialización’ de la zona turística sureña que pronto irá cubriéndose de una nebulosa de  inquilinos variopintos de poder adquisitivo bajo que irá envolviéndola bajo su manto y ‘contaminando’ a lo que quede con categoría y calidad. Los establecimientos de calidad estarán abocados a convertirse en ‘guetos’ rodeados de ‘jungla’ y esa imagen no se vende bien. ¿Y cuál podría ser la solución de este problema del ruido que, dentro de los no pocos que aquejan a Playa del Inglés, parece ser el más acuciante por la tortura acústica que ejerce sobre nuestros huéspedes? La solución de este problema es municipal, ESTRICTAMENTE MUNICIPAL; pocas veces está en las manos de la Corporación Municipal el solucionar por sí misma y de INMEDIATO un problema que tantísimo daño ha hecho y hace a su zona turística. La Corporación Municipal está facultada para tomar decisiones, con el respaldo de lo estipulado en la Normativa de Contaminación Acústica Ambiental de la CEE, sobre todo  lo que afecte negativamente a la convivencia de sus ciudadanos o resulte perjudicial para el municipio en materia de ruido; no hace falta ningún ‘Plan General contra el Ruido’ aprobado por el Parlamento para tomar decisiones al respecto, y, si bien la CEE marca un máximo de 65 decibelios durante el día y 55 por la noche para la vía pública, no quita la incuestionable potestad de la Corporación Municipal para establecer los decibelios que estime por conveniente dentro de la zona turística y restringir la circulación por ella de todo vehículo que la sobrepase. A este respecto la OMS coincide plenamente con la Normativa de la CEE en los topes de permisividad al ruido. No faltan Corporaciones que llegan incluso a convertir zonas determinadas de sus respectivas ciudades en estrictamente peatonales.

A continuación cito algunas actuaciones que, a mi criterio, deben ser tomadas de INMEDIATO y con carácter urgente para reconducir considerablemente la contaminación acústica en el hábitat de Playa del Inglés a parámetros razonables. Veamos:

1)     Prohibición absoluta durante todo el día de toda motocicleta, o CUALQUIER OTRO VEHÍCULO, con escape libre o defectuoso en la emisión de ruido. Después de la pertinente publicación del Edicto sobre el particular, todo vehículo que sea sorprendido por la policía municipal circulando por la zona turística contraviniendo esta disposición deberá ser detenido y retirado de la vía pública por la grúa municipal, sin contemplaciones.

2)     Prohibición absoluta de entrada en Playa del Inglés de motos, ESPECIALMENTE LAS DE GRAN CILINDRADA, a partir de las 21,00 y hasta las 8,00 horas; esta medida es de fácil aplicación pues Playa del inglés sólo tiene tres posibles entradas de acceso para vehículos. Deben ser excluidas de esta normativa las motos repartidoras de comidas y otros menesteres a domicilio, siempre y cuando no circulen con escapes libres y trucados sobrepasando los decibelios que estipule la Corporación. También deben ser incluidos en este apartado los coches turbo que contaminen por encima de los 65 decibelios.

3)     Prohibición absoluta de emisión de  música al aire libre en la zona turística a partir de las 22,00 horas, salvo en eventos especiales y previamente autorizados. (En el próximo ‘capítulo’ me extenderé algo más sobre la música).

Huelga el mencionar que quienquiera que tenga necesidad de satisfacer su ego haciéndose notar por medio del ruido tiene una maravillosa autopista a su disposición a un kilómetro de distancia de Playa del Inglés; nuestros visitantes y todos los que viven del turismo no tienen porqué sufrir y padecer los complejos personales de nadie, y, como mencioné con anterioridad, las medidas a aplicar conta el ruido por la Corporación Municipal están contempladas dentro de la Normativa europea al respecto, estando  ésta totalmente legitimada para aplicarlas con la contundencia que requiera la gravedad del problema que el ruido ha originado y origina a la zona turística. Por supuesto que siempre habrá gente que no dejará de tildar a la Corporación Municipal de ‘fundamentalista’ cuando aplique las normas con contundencia pero no hay que olvidar en todo ello que el ruido a discreción nos ha hecho perder clientes por un tubo y no se puede seguir permitiendo   -y si se hace los responsables de ello no estarán cumpliendo con la defensa de los intereses generales para lo que han sido votados-   que un puñado de desaprensivos pongan en pie a toda Playa del Inglés a cualquier hora de la madrugada si les place, solamente con una simple moto o un coche turbo o con un cacharro digno del potrero con el tubo de escape roto. No olvidemos que una motocicleta con el escape trucado o una moto de gran cilindrada lanzan a la atmósfera entre 125 y 150 decibelios y un ruido entra en fase dolorosa a partir de 120 db y a partir de 140 entra en el umbral del dolor, bastando 45 dB para sacar a cualquier persona no drogada del sueño.

Como quiera que de toda la gente que entra y circula por Playa del Inglés el 99 por ciento vive del turismo o depende indirectamente de él y, por tanto, si el ruido es el ‘enemigo’ número uno a abatir, verán agradecidos que la Corporación se ocupa de solucionar los problemas que han puesto a la zona turística, y por consiguiente su medio de vida, en un callejón de difícil salida. Poca gente responsable estará en contra de esta medida y corresponde a la Corporación el difundir de forma continuada su importancia entre la población que se mueve por la zona turística para que cada uno contribuya con su modesta aportación a la mejora de la contaminación acústica en toda la zona, cosa que redundará en clientes más contentos y, por consiguiente, en beneficio de todos. (Ver cuadros de la influencia que ejerce el ruido en el comportamiento de la persona en este ‘capítulo’ de mi página Web).

Las Palmas de G.C., 22 de octubre de 2007.

Daniel Garzón Luna

PROXIMO ‘CAPÍTULO’  (y IX): RUIDO EN EL ALOJAMIENTO, MÚSICA, LOCALES NOCTURNOS Y TRÁFICO

MISMO ARTÍCULO CON IMÁGENES EN MI PÁGINA WEB: http://danielgarzonluna.blogspot.com,

 

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